En el teatro siempre es posible comenzar de nuevo, en la vida nada podemos volver atrás. Las hojas no brotan de nuevo, los relojes no retroceden. Pero hay un momento en que el teatro y la vida son uno: el intento del actor por captar una verdad para siempre. Interpretar requiere mucho esfuerzo. Pero si logra "vivir en el escenario", a diferencia de los insensibles, su espítitu volará inmortal.

Peter Brook










jueves, 22 de agosto de 2013

El teatro de Chéjov

El teatro de Chéjov nos trasporta al clima  de la Rusia de fines del siglo XIX, caracterizada por una aristocracia en decadencia y una burguesía incipiente producto de los procesos de finalización de la servidumbre y de industrialización de la economía. En este contexto,  nos sumerge en la vida cotidiana de unos personajes atravesados por fuertes conflictos internos. Se mueven entre el deseo y el deber, entre la nostalgia por un pasado glorioso y la esperanza prometedora de un futuro, entre su interior y el temor, entre el apego a lo antiguo y la incertidumbre del mañana. Son sujetos escindidos, en permanente conflicto, en lucha contra sus propios demonios. Alejándose de los grandes escenarios del Romanticismo, Chéjov representa sus personajes en ámbitos cotidianos y centra la acción en los conflictos de cada uno. No se trata de grandes héroes o villanos sino de personas comunes transitando conflictos habituales. Reuniones, charlas y comidas son los lugares donde ellos transitan sus existencias cotidianas, sus alegrías y sus pesares. Son personajes más cercanos a la vida.

Difícil de catalogar su teatro, el de Chéjov es un teatro de situación, de atmósfera, donde los personajes se encuentran en situaciones cotidianas y comparten sus problemas, temores, sueños y donde se tejen y se entretejen las relaciones entre ellos. Sentimientos entrelazados, silencios varios, añoranza de un pasado, temor al futuro, tedio, sopor, frustraciones, desilusiones, fracasos, anhelos. Todo esto está en la dramaturgia de Chéjov, latente, por detrás de situaciones aparentemente sencillas. En definitiva, la vida misma.