En el teatro siempre es posible comenzar de nuevo, en la vida nada podemos volver atrás. Las hojas no brotan de nuevo, los relojes no retroceden. Pero hay un momento en que el teatro y la vida son uno: el intento del actor por captar una verdad para siempre. Interpretar requiere mucho esfuerzo. Pero si logra "vivir en el escenario", a diferencia de los insensibles, su espítitu volará inmortal.

Peter Brook










domingo, 24 de marzo de 2013

Teatro Abierto

En el silencio de la noche de una Buenos Aires oscura, un grupo de artistas se reunían en un bar de la calle Corrientes con la intención de reafirmar la existencia de un teatro abatido por la censura que imponía el régimen militar. Así nacía, a fines de 1980, Teatro Abierto, un ciclo de obras de teatro que convocó a reconocidos dramaturgos de la talla de Roberto Cossa, Mauricio Kartún y Griselda Gambaro, entre otros, para defender la libertad y la expresión  frente a un gobierno dictatorial que ya mostraba signos de debilidad.
El 28 de julio del año 1981 comenzó el ciclo de Teatro Abierto en el Teatro Del Picadero, una sala de la periferia porteña ubicada en el actual pasaje Santos Discépolo. Se trataba de 21 obras de un acto representadas a lo largo de una semana de a tres por día en el horario de las seis de la tarde y  con localidades a precios muy económicos.
Todavía perduraban la represión y el terror pero la sociedad empezaba a despertarse poco a poco. Aunque todavía no se conocía la magnitud del genocidio, los organismos internacionales empezaron a estar al tanto de  la situación que se estaba viviendo en el país, las madres continuaban con su ritual en Plaza de Mayo, algunos exiliados rompían el silencio y la mayoría silenciosa iba tomando conciencia de que la “guerra” no era solamente contra algunos guerrilleros marxistas. Así, algunos diarios se animaron a deslizar críticas al gobierno de facto, los intelectuales volvieron paulatinamente a encontrarse en los bares y empezaron a vislumbrarse los primeros signos de resistencia.  En este contexto nacía Teatro Abierto.
En una coyuntura donde la censura y el miedo eran moneda corriente, poco a poco, corriendo el velo de la incertidumbre, comenzaron a verse algunos estrenos, algún intento de recrear grupos de teatro, algunas lecturas de obras en las  casas de dramaturgos y directores. Y justamente los creadores de Teatro Abierto fueron los autores, aquellos que en una mesa de bar planearon el montaje de 21 obras en un plazo de siete días. Sin embargo, aún eran pocos y necesitaban convocar a más autores, directores y actores. Así comenzó la convocatoria de artistas y fueron llegando actores, músicos, escenógrafos que, en un clima de gran creatividad y entusiasmo, le dieron forma a las obras, ensayando a toda hora, en cualquier lugar disponible, poniendo el alma y el cuerpo a un proyecto de libertad en un país hostigado y silenciado.
Finalmente llegó el día del estreno, el 28 de julio de 1981 con las obras: “Decir sí” de Griselda Gambaro, “El que me toca es un chancho” de Alberto Drago y “El nuevo mundo” de Carlos Somigliana en un teatro repleto de gente llena de energía, hombres y mujeres que ganaban el espacio de la calle en un clima de recuperación y de libertad. Sin embargo, luego de la primera semana, en una madrugada gris, un grupo de militares y policías incendiaron el Teatro del Picadero. Cuando comenzó a correrse la voz de la noticia, los artistas fueron llegando al lugar y las gotas de la lluvia se mezclaban con sus lágrimas al ver las cenizas en que se había convertido el teatro. Pero con un renovado impulso ellos se pararon sobre las cenizas y decidieron no darse por vencidos. Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges y Pérez Esquivel se solidarizaron y dieron muestras de apoyo.
Teatro Abierto continuó a partir del mes de agosto en el Teatro Tabarís, una de las principales salas comerciales. Cada tarde, se formaban colas de cuadras enteras para ver las obras hasta que el 21 de septiembre de ese mismo año terminó el primer ciclo. Luego, Teatro Abierto volvería a los escenarios en los años 1982, 1983, 1984 y 1985 en otro contexto social y político.
Teatro Abierto fue el  producto de una necesidad de expresión y de aire en una sociedad acallada y silenciada, fue un símbolo de resistencia, fue la recuperación de un teatro comprometido, fue el anhelo y el sueño de tantos artistas, fue un signo de apertura y de cambio cultural. Por sobre todas las cosas, hizo del teatro  un elemento de lucha política y le dio voz, una vez más, a los oprimidos.

martes, 12 de marzo de 2013

La mujer en el teatro

El teatro representa la sociedad, sus costumbres, ideas y valores imperantes, da cuenta de las problemáticas de cada época, de las tendencias, cambios y movimientos sociales y culturales. En este sentido, cada autor toma las características de su tiempo y desde allí construye la trama de una historia y sus personajes, a veces con la intención de reflejar la realidad, otras veces con el objetivo de denunciar o criticar algunas situaciones. Así, cada obra construye una determinada representación de  los hombres y mujeres de su época. Por lo tanto, resulta interesante  analizar la configuración de lo femenino en algunos autores.
En primer lugar,  el caso de Nora de “Casa de muñecas” (1879) constituye un quiebre con respecto al modelo de mujer dominante en la época. En un período que pasó a la historia con el nombre de sociedad victoriana, donde prevalecen  las ideas conservadoras y la disciplina, la realización de la mujer pasa por el matrimonio y la maternidad. Su lugar está al lado de su esposo y sus hijos y debe cuidar rígidamente su moral y mantener las buenas costumbres en un marco caracterizado por el dominio masculino. Frente a esto, el personaje de Nora marca un punto de inflexión cuando hacia el final de la obra decide marcharse para buscar su propio camino y descubrir lo que realmente quiere para su vida.
Otro ejemplo de mujeres que se revelan contra los imperativos de su época podemos encontrarlo en “Bodas de sangre” (1933) y “La casa de Bernarda Alba” (1945) de Federico García Lorca. Aquí también se trata de una sociedad tradicional y conservadora que niega la atracción que una mujer puede sentir por un hombre escudándose en una exacerbación del pudor y un ocultamiento del cuerpo femenino. En la primera, impulsada por la pasión y el ardor de un amor negado, la novia recién casada huye con el hombre al que realmente ama el mismo día de la boda. Y en el caso de Bernarda Alba, Adela, impulsada por la audacia y la determinación se anima a romper con el luto para jugarse por aquello que realmente desea. Así, le hace frente a la rígida disciplina que su madre pretende imponer y se opone a sus hermanas. Estos dos personajes desafían las costumbres y valores de su época. De esta forma, García Lorca les otorga voz y protagonismo a las mujeres que tenían un lugar subalterno dentro de una sociedad predominantemente masculina.
Tennesse Williams también supo dar cuenta de la profundidad del alma femenina con una sensibilidad magistral. Quizás su personaje más memorable y más representado sea Blanche de “Un tranvía llamado deseo” (1947). Blanche representa a la decadente sociedad del sur de los Estados Unidos que se queda en la añoranza de un pasado esplendoroso. Pero detrás de esta fachada se esconde una mujer frágil, temerosa y presa de fantasmas pasados que oscila permanentemente entre la cordura y la locura. En ese devenir Blanche desea. Desea refugiarse del dolor, desea el amor y el cuerpo de un hombre, desea compañía, desea vivir.
Por último, no podemos dejar de mencionar a Shakespeare, el dramaturgo que representó las complejidades, contradicciones y ambiciones del ser humano como pocos. Las mujeres de sus obras son muy disímiles entre sí. Por un lado, tenemos la inocencia del alma juvenil y romántica de Julieta que, pese a la prohibición y el enfrentamiento de las familias, se anima a vivir su amor por Romeo. Por otro lado, la fragilidad y la locura en que cae Ofelia luego de la muerte de su padre la llevan al fatal desenlace. En contraste con ambas,  Lady Macbeth representa una exacerbada ambición de poder y está dispuesta a todo por lograr lo que quiere. Además es la que impulsa e incentiva a su esposo cuando él cae en la duda. Sin embargo, la falta de escrúpulos del comienzo se transforma en un remordimiento que la flagela hasta el final.
Este fue un brevísimo recorrido por algunos de los principales autores y aún queda mucho por analizar. Sin embargo, sirve para demostrar que el teatro supo dar cuenta de la complejidad y de la diversidad de lo femenino. En contra de los mensajes de la publicidad y de la televisión que construyen un modelo de mujer estereotipado, celebremos un teatro que da cuenta de la realidad de la mujer, de sus sueños y anhelos, de sus problemáticas y contradicciones, de su lugar en una sociedad que históricamente se caracterizó por desplazarla.