“¿Usted sabe el aspecto que tiene
el mundo visto desde aquí abajo?”, le pregunta Juan, el criado, a la señorita Julia. Lucha de clases, asenso
social, conflicto de poder, honor y nobleza. De todo esto y mucho más nos habla
“La señorita Julia”. De la decadencia
de una clase social, de prejuicios sociales, de las barreras y las
desigualdades entre hombres y mujeres.
Durante la fiesta de San Juan, la
hija del conde seduce al criado de la casa, se acuesta con él y luego, presa de
arrepentimiento y de humillación, se encuentra en el borde del abismo. Ella, la
señorita Julia, en el sopor producto del alcohol y de la falta de sueño, juega
entre la seducción y la inocencia. Y él, Juan, el criado, acepta el juego,
recurriendo a la mentira y a las bellas palabras para lograr su objetivo. Ella pertenece
a una nobleza en decadencia, él es hijo de un campesino pero a base de
educación y observación del entorno, está ascendiendo socialmente. Al mismo
tiempo que respeta al Conde, aborrece a los de su clase, los cuales son signo
de una etapa ya superada para él. Ella representa para él aquello que es imposible
de alcanzar, le recuerda cuál es su lugar en el mundo, la imposibilidad de
salir de su clase. Él es la fuerza, la virilidad. Y esta y aquélla diferencia
los atrae, los envuelve y los embriaga de ardor y rencor al mismo tiempo,
llevándolos al límite de la locura.
Sin embargo, luego de consumar la
pasión que los atrae, las máscaras se caen. La señorita Julia, imaginando el
futuro funesto que le espera como amante de su criado, cae en el
arrepentimiento y el temor a la humillación. Mientras para él es un honor
haberla seducido, para ella significa deshonra y vergüenza. Por eso, la única
salida es escapar juntos a un lugar donde nadie los conozca, donde no haya
historia. Pero ambos se desilusionan del otro. Los hechos le demuestran a Juan
que los ricos no son mejores que los pobres, que detrás de la elegancia y la
riqueza se esconden miserias humanas y fundamentalmente, que todo aquello que
él anhelaba se hunde en el fango. Por su parte, Julia no sabe qué hacer, oscila
entre un amor imaginario y el odio, entre lo que quiere y lo que debe. Así, los
hechos se van precipitando, la llegada de las primeras luces del amanecer
termina con el encantamiento de la noche y el regreso del Conde, que había
salido durante los festejos, desencadena el trágico final.
La Señorita Julia y Juan son
víctimas de los prejuicios de la época, de las diferentes circunstancias que
cada uno atravesó, de los errores del pasado. Son dos almas lastimadas que
pertenecen a dos mundos diferentes y que por eso mismo se atraen y se aborrecen
con la crudeza y crueldad propia de las relaciones humanas en una sociedad
caracterizada por los conflictos de poder.