En el teatro siempre es posible comenzar de nuevo, en la vida nada podemos volver atrás. Las hojas no brotan de nuevo, los relojes no retroceden. Pero hay un momento en que el teatro y la vida son uno: el intento del actor por captar una verdad para siempre. Interpretar requiere mucho esfuerzo. Pero si logra "vivir en el escenario", a diferencia de los insensibles, su espítitu volará inmortal.

Peter Brook










martes, 12 de junio de 2012

Nuevos contenidos multimedia

El teatro es vivencia, sentimientos, sensaciones. Nos emociona, nos hace reír. Muchas veces podemos llegar a sentirnos identificados con un personaje o con una historia porque justamente el teatro nos atraviesa, nos habla de nosotros mismos y de nuestro entorno. Y cuando la obra se lleva a escena se produce algo inexplicable entre el actor y el espectador. Ese "algo" que se resiste a ser nominado tal vez sea un tipo de sensibilidad particular, una especie de hechizo o magia. No lo sé. Sien embargo, cuando el actor logra "vivir en escena" el espectador puede llegar a sentir que algo se ha transformado en su interior, que ha tocado una fibra íntima de su ser.
Por lo tanto, durante el acto de lectura de una obra se pierden ciertas cosas. Es decir, la lectura no puede abarcar absolutamente todo. Hay algo en las obras que necesita expresarse por medio del cuerpo y de la voz porque el teatro es, entre otras cosas, también corporalidad. Por esto, he decidido incorporar audios de fragmentos. Espero que logren emocionarse tanto como yo.

Bodas de sangre: escena del bosque

Bodas de Sangre: escena final

viernes, 1 de junio de 2012

El teatro de Federico García Lorca

¿Qué sucede cuando los condicionamientos y mandatos sociales son tan fuertes que impiden actuar con libertad? ¿Cómo afectan los prejuicios de una sociedad conservadora sobre las vidas de hombres y mujeres? ¿Hasta dónde se puede llegar para mantener una buena imagen ante la mirada crítica de los otros? ¿Es posible realizar aquello que se desea en un contexto injusto y discriminatorio? Estos son algunos de los interrogantes que nos plantean las obras de Federico García Lorca. Tal vez por sufrir él mismo los prejuicios de una sociedad cerrada es que supo darle voz a los oprimidos. Y entre ellos, fundamentalmente, a las mujeres de su época. García Lorca expresó como pocos la complejidad del alma femenina, sus contradicciones, anhelos y deseos. Y justamente la problemática del deseo se manifiesta en sus obras, particularmente en “Bodas de sangre” y en “La casa de Bernarda Alba”. El deseo como el motor de la vida, como aquello que nos impulsa. Sin embargo, a veces no podemos dar cauce a nuestro deseo y eso lleva, inevitablemente, a la angustia. Para Lorca, la imposibilidad de llevar a cabo el deseo lleva a la tragedia.

Breve biografía

García Lorca nació en 1898 en Fuentevaqueros, provincia de Granada, en la región española de Andalucía. Luego de finalizar sus estudios de bachillerato, en 1914 inicia estudios de filosofía y letras y de derecho en la Universidad de Granada. Paralelamente profundiza su aprendizaje de piano y guitarra que había comenzado en la adolescencia. Dos años después escribe sus primeras poesías y en el año 1918 publica su primer libro “Impresiones y paisajes”, cuya prosa poética refleja los viajes que había realizado el año anterior.
En 1919 se traslada a Madrid y allí conoce a Salvador Dalí, Luis Buñuel, Juan Ramón Jiménez y Ramón del Valle-Inclán. En 1920 estrena “El maleficio de la mariposa”, su primera obra de teatro. En estos años, termina sus estudios en derecho, continúa su labor de poesía y trabaja en la creación de obras que se estrenarán en los años siguientes. Diez años después viaja a la ciudad de Nueva York y  residirá en la Universidad de Columbia donde dicta varias conferencias y cultiva nuevas amistades.
En 1933 se estrena en Madrid “Bodas de sangre”, una de sus piezas más poéticas. Mientras tanto, Lorca viaja a Argentina, Uruguay y Brasil donde artistas como Pablo Neruda y Oliverio Girondo asisten a la primera función de la mencionada obra que se estrena en el teatro Maipo de Buenos Aires. En 1934 regresa a España y dos años después lee el texto de “La casa de Bernarda Alba” ante un grupo de amigos, obra que no llega a representarse en vida del autor. Sin embargo, la situación política y social de la época provocará la interrupción de su brillante carrera. Todavía le quedaba un largo y exitoso camino por recorrer En 1936 el Frente Popular triunfa en las elecciones. Se trata de una coalición de izquierda. Ante esto, se subleva Francisco Franco y estalla la guerra civil española. García Lorca viaja a la ciudad de Granada y llega el mismo día en que la ciudad cae en poder de los insurrectos. El alcalde socialista y cuñado de Lorca, Manuel Fernández Montesinos, es llevado prisionero y ejecutado. Un amigo, el poeta Luis Rosales, le ofrece hospedaje en su casa para protegerlo ya que días antes las nuevas autoridades habían ordenado al escritor permanecer en su casa a disposición del gobierno. Lamentablemente, el esfuerzo de su amigo no da resultado y el 15 de agosto es arrestado con falsas acusaciones. Finalmente, cuatro días después, en la madrugada del 19 de agosto Lorca es fusilado en las afueras de Granada. Un crimen arbitrario e injusto. Un crimen que no pudo callar la voz de uno de los más importantes autores de teatro del siglo veinte. Sus obras, aún hoy, levantan su voz.

Contexto

Las obras de García Lorca se enmarcan en un contexto caracterizado por una sociedad conservadora y con costumbres fuertemente tradicionales. Aquí el espacio privado y el espacio público estaban claramente diferenciados. Este último abarcaba el mercado, la salida de misa y el campo donde se realizaban las tareas agrícolas. En estos lugares las personas se trataban, conversaban y se conocían. En cambio, el espacio privado era el lugar para la familia y, fundamentalmente, para las mujeres.
Las diferencias entre los géneros se manifestaban en todos los ámbitos y en los roles que cada uno debía cumplir. Las mujeres eran criadas desde pequeñas para convertirse en esposas y madres. Su rol en el espacio público estaba delimitado por la asistencia a la misa y al mercado. Eran los hombres los que salían a trabajar. Ellas podían ayudar en la economía hogareña con tareas que podían hacer desde su propia casa, como la costura, por ejemplo. En este contexto, la honra se erigía como un bien de familia, como sinónimo de una imagen pública sin manchas. Pero la honra era también una cualidad que aquellas mujeres debían cuidar celosamente. En una sociedad donde el cuerpo era algo que debía ocultarse, las mujeres tenían que llevar un comportamiento casto para erigir a la honra como una virtud.
En las obras de Lorca se representan las injusticias características de la época. Injusticias provocadas por esa misma sociedad conservadora. Una sociedad llena de prejuicios, con facilidad para escandalizarse  y donde las familias estaban dispuestas a llegar hasta las últimas consecuencias para mantener una buena imagen ante los demás.  Justamente, la mirada ajena era muy temida. En un contexto donde la familia era el núcleo más importante, la opinión de los demás ciudadanos pesaba mucho en los comportamientos y actitudes, quizás demasiado. Por eso, las mujeres debían cumplir con aquello que se esperaba de ellas: convertirse en madres inmaculadas y en honradas esposas. Así, los deseos, las necesidades reales y las inquietudes de las mujeres no eran tomados en cuenta. Sin embargo, los personajes femeninos de Lorca se animan a ir detrás de sus deseos y no callan. Al contrario, protestan, se defienden y justifican sus acciones.

"La casa de Bernarda Alba"

La obra fue escrita en 1936.
La acción comienza el día del funeral del segundo esposo de Bernarda y padre de cuatro de sus cinco hijas. A partir de este momento se inicia el luto que deberán respetar durante ocho años. Así se realizó en la casa del padre de Bernarda y así se hará en la suya. Mientras tanto, sus hijas Magdalena, Martirio, Angustias, Amelia y Adela se dedicarán a bordar un ajuar que parece que nunca van a utilizar. Conviven también en la casa la madre de Bernarda, María Josefa y dos criadas, de las cuales La Poncia es la principal y confidente. La abuela de las chicas está loca y por ese motivo su hija la mantiene encerrada. El conflicto se desencadena cuando la mayor de las hermanas, Angustias, recibe una proposición de matrimonio de Pepe el Romano. Sus hermanas sospechan que el motivo del casamiento es la pequeña fortuna que posee Angustias porque ella ya es grande y nunca se destacó por su belleza. Por su parte, tanto Adela como Martirio sufren en silencio su amor por el pretendiente de su hermana.
Sin embargo, Adela se caracteriza por un comportamiento audaz, desafiante e intrépido. Esto ya se anticipa en el primer acto. Al terminar el responso, Bernarda pide un abanico y  Adela le presta uno con flores de colores. O más adelante, Adela se viste con un vestido verde y sale al gallinero de la casa ante la mirada incrédula de sus hermanas. Finalmente, en la antesala de la tragedia, Adela y Martirio se enfrentan. Después de padecer en silencio,  confiesa su amor por Pepe. Adela, desafiante, sostiene: “aquí no hay ningún remedio. La que tenga que ahogarse que se ahogue. Pepe el Romano es mío, él me lleva a los juncos de la orilla”
La atmósfera a lo largo de toda la obra es oscura y sórdida. Los altos muros de la casa representan el encierro y la opresión que llevan estas mujeres y, al mismo tiempo, esas paredes las mantienen al resguardo del afuera, de la mirada de los vecinos del pueblo. Y justamente  su madre está muy preocupada por reflejar una imagen de familia ideal.
Bernarda tiene una personalidad dominante, despótica y soberbia. Le importa demasiado  la opinión ajena y mantener la fachada de una familia de bien. Ante un pueblo que ella caracteriza de atrasado, se siente superior porque posee una pequeña fortuna. Bernarda intenta controlar todo lo que sucede dentro de su casa e impone lo que ella considera que debe hacerse. “En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Hacemos cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas (…) Aquí se hace lo que yo mando. Hilo y aguja para las hembras, látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles”, dice en el primer acto.  Sin embargo, esa misma actitud le impide ver lo que en realidad sucede, está ciega a muchas cosas que pasan dentro de la casa. Tal vez no quiere ver la realidad. En una conversación con la criada dice: “aquí no pasa nada. Eso quisieras tú. Y si pasa algún día, estate segura que no traspasará las paredes”
Ante esto, La Poncia es la encargada de decirle a Bernarda aquello que no quiere escuchar. Después de una convivencia de muchos años, esta criada puede tomarse algunas atribuciones y decirle lo que piensa realmente. De esta manera, reduce los humos de superioridad de Bernarda. La criada ve aquello que su ama se niega a ver. “Hay una tormenta en cada cuarto”, sentencia La Poncia, y no se equivoca.
María Josefa, madre de Bernarda, en su locura tiene momentos de gran lucidez y  proclama lo que se guarda en secreto, expresa aquello que quiere mantenerse callado. Representa el deseo de las hijas, la libertad y la sensualidad. Tiene breves momentos de clarividencia. Es decir, lo que aparece como locura en este personaje es lo que se manifiesta en las nietas. Por eso mismo, es algo que debe acallarse, ocultarse y Bernarda se asegura muy bien de mantener encerrada a su madre. Hacia el final del primer acto, María Josefa se escapa y exclama alegremente: “me escapé porque me quiero casar, porque quiero casarme con un varón hermoso de la orilla del mar, ya que aquí los hombres huyen de las mujeres. No quiero ver a estar mujeres solteras rabiando por la boda, haciéndose polvo el corazón”
Y la abuela está en lo cierto. Detrás de un ambiente controlado por el dominio de Bernarda y donde pareciera que las hermanas conviven sin grandes sobresaltos, comienza a gestarse la tormenta que estallará hacia el final. Silencios tensos, enunciados no dichos, mensajes solapados, miradas furtivas, frases suspicaces, desconfianza.
El único personaje masculino es Pepe el Romano, pretendiente de Angustias. Es un personaje que es nombrado muchas veces pero nunca aparece en escena. Pepe hace surgir la sensualidad y el deseo en las mujeres. Y es Adela la que lleva esto a sus últimas consecuencias.
Justamente esto es lo que Bernarda quiere callar, este deseo que se manifiesta en cada una de sus hijas, esta sensualidad que puja por salir. Es un deseo que crece a medida que pasa el tiempo. En un contexto donde hay que callar, donde está casi todo prohibido y donde no hay hombres, la sensualidad de estas mujeres se manifiesta de diferentes formas y las va quemando por dentro. Aquello que no pueden expresar, aquello que no pueden hacer, las va consumiendo.
La actitud dominante y arbitraria de Bernarda es la que engendra la rebeldía en sus hijas. Y su bastón aparece como signo de su dominio. Por eso, en la escena final, Adela confiesa su amor por Pepe el Romano y quiebra el bastón de su madre como acto simbólico de la finalización del dominio. “Aquí se acabaron las voces de presidio. Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. En mí no manda nadie más que Pepe”
La actitud de negación de Bernarda se mantiene incluso al final cuando se desata la tragedia. Niega una realidad que ella misma ha forjado y no es capaz de hacerse cargo de lo terrible del hecho. No en vano sus últimas palabras antes de la caída del telón son: “silencio, silencio he dicho”.

"Bodas de sangre"

Se estrenó en 1933
La obra se desarrolla en una comunidad rural donde imperan la tradición y las conductas conservadoras. En un contexto más amplio, es una época caracterizada por la clara diferenciación de roles entre hombres y mujeres. El destino de ellas estaba predeterminado desde pequeñas y en función de eso se las criaba y educaba: debían llegar a ser madres y esposas ejemplares. Todos los deseos y necesidades de la mujer deberían agotarse en el ámbito del hogar. Además, el pudor exacerbado de una sociedad conservadora hacía ocultar el cuerpo y negar la sexualidad en la mujer. Sin embargo, Lorca expresa la atracción de la mujer hacia los hombres. Le dice la criada a la novia el día de la boda: “dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso”. Y la novia a Leonardo: “que te miro y tu hermosura me quema”
La acción gira en torno a  una futura boda entre dos novios. Comienza con los preparativos donde el novio le comunica a su madre la decisión de casarse y ambos se dirigen a conversar con el padre de la novia. La madre vive abrumada por los fantasmas del pasado, su marido y su hijo mayor han fallecido en un enfrentamiento con otra familia, los Félix. Y la futura mujer de su hijo había sido novia de un miembro de esa familia, Leonardo. De esta forma, las sombras del pasado vuelven a surgir. A pesar de que él y la novia siguen enamorados, los novios finalmente se casan. Sin embargo, el amor y el deseo pueden más, lo que impulsa a la novia a escaparse con Leonardo en medio de los festejos.
A excepción de Leonardo, todos los nombres de los personajes de la obra indican los parentescos. La novia y el novio, el padre de la novia, la madre del novio y la mujer y la suegra de Leonardo. Estos nombres genéricos quizás son empleados con la intención de generalizar al resto de la sociedad. De esta manera, la tragedia que aquí se desata no es solo de estos personajes sino que puede ocurrirle a cualquier familia. Es la historia repetida de pueblos movidos por los prejuicios y las pasiones.
Leonardo tiene un rol central en el conflicto ya que por él o a partir de él es que se desata la tragedia. Es el personaje que altera el equilibrio. La elección del nombre Leonardo puede connotar la fuerza del león o el ardor del fuego.
Si bien las mujeres tenían un rol pasivo, recluidas en el ámbito del hogar, en esta obra es la mujer la que impulsa al hombre. Y luego él actúa. En la escena del bosque, Leonardo le pregunta: “¿quién bajó primero las escaleras?”. “Yo las bajé”, responde ella. Y él: “¿quién le puso al caballo bridas nuevas?”. “Yo misma, verdad”
Por otro lado, se percibe una circularidad en la historia. Los personajes parecen condenados a repetir el pasado. El pasado se vuelve presente. La madre del novio había perdido a su marido y a su primer hijo. Repite la experiencia de nuevo. La madre de la novia, si bien no aparece, pasó su vida al lado de un marido que no quería pero que respetaba. Y eso mismo le espera a la novia. El destino aparece como ese poder trascendente que marca los rumbos de la vida de cada persona. Un destino condenado a repetirse.
Es necesario mencionar que la luna, el caballo y el agua son utilizados simbólicamente. En la oscuridad de la noche, la luna aporta la luz necesaria para el encuentro y la lucha de los hombres rivales. Así, la luz de la luna siega la vida y se asocia con la muerte.
El caballo de Leonardo encarna la libertad y el instinto sexual del personaje actuando como alter ego.
El agua es la figura elegida por la novia para explicar su conducta ante dos formas de amor distintas. “Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud. Pero el otro era para mí un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.”
Podría pensarse que en ese texto se representa también la fuerza arrolladora del deseo. El otro, Leonardo, era como una marea que la arrastraba, un río de aguas tumultuosas que la quemaba por dentro. Y el verdadero deseo de la novia era estar con Leonardo, su matrimonio había sido arreglado por los padres. Ella y Leonardo se amaban con pasión. En la mencionada escena del bosque, escena cargada de gran sensualidad, dice Leonardo “pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta. (…) que yo no tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las trenzas”. Le responde la novia: “y no hay minuto del día que estar contigo no quiera, porque me arrastras y voy, y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como una brizna de hierba”. Y sigue Leonardo “pero yo voy donde tu vas, tú también, da un paso, prueba. Clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas”
La pasión y el deseo atraviesan la historia en un clima cerrado y lleno de prejuicios. Sin embargo, la fuerza arrolladora de esos sentimientos se hace oír en diferentes diálogos. Por ejemplo, Criada: “una boda es esto y nada más. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer”. O Leonardo: “callar y quemarse en el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mi el orgullo y el no mirarte y dejarte despierta noches y noches? De nada, sirvió para echarme fuego encima”. La Novia le responde: “no puedo oír tu voz, es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás”
En esa sociedad conservadora, la honra se elevaba como un bien de familia, como una conducta inmaculada por parte de las mujeres. La novia tuvo el arrojo necesario para dar cauce a su deseo, sin embargo, en la escena final le dice a la madre: “quiero que sepa que soy limpia, que estaré loca pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos”
Finalmente es necesario mencionar las diferentes connotaciones que tiene la palabra “sangre”. Si bien el sentido más importante remite a la tragedia del final donde el novio y Leonardo mueren, existen otros significados.  Sangre como sinónimo de buena casta y del enfrentamiento entre dos linajes.  La huida de Leonardo y la novia impulsada por la pasión. La boda que debería ser generadora de vida, de sangre nueva pero que termina en muerte. Por lo tanto, con esta pluralidad de sentidos el título atraviesa toda la obra.

Reflexión final

García Lorca nos muestra las problemáticas y contradicciones de la sociedad de su tiempo donde tanto hombres como mujeres permanecían atados a viejas costumbres y tradiciones que les impedía llevar a cabo lo que realmente deseaban y anhelaban.


Al igual que sus personajes, él también fue víctima de una sociedad prejuiciosa, cerrada, injusta y autoritaria. Sin embargo, su voz sigue viva a través de los memorables personajes a los que supo dar vida con una prosa poética y profunda.