Tennessee Williams supo dar cuenta de la complejidad de la sociedad estadounidense como pocos. Fundamentalmente fue capaz de reflejar la realidad de los habitantes del sur, sus ideales, pensamientos, sueños y también sus prejuicios, mitos y convencionalismos. Es que Tennessee vivió entre los años 1911 y 1983, lo que le permitió vivenciar gran parte de los acontecimientos más importantes del siglo XX. Estos sucesos tuvieron profundas consecuencias sobre la historia de los Estados Unidos y este autor supo reflejar estas complejidades en sus diferentes obras de teatro.
En el marco de una época que pasó a la historia con el nombre de “Belle Époque” nacía en 1911 Tennessee Williams en el seno de una familia conservadora. Su padre era comerciante de zapatos y su madre era hija de un predicador. Mientras tanto, la gran competencia industrial entre las potencias mundiales, el avance del imperialismo y el fuerte nacionalismo de algunos países europeos actuarían como desencadenantes de la Primera Guerra Mundial en 1914.
Estados Unidos salió beneficiado con la finalización de las hostilidades: el conflicto se había desarrollado en otro continente, Europa estaba devastada y necesitaba ayuda financiera y Estados Unidos se convertía en el principal acreedor. Así, se convertía en la primera potencia económica del mundo
Mientras su país natal aprovechaba esta situación, Tennesse enfermaba de difteria con tan solo siete años de edad. Obligado a guardar reposo comenzó a desplegar una gran imaginación para pasar esos días de la mejor forma posible. De hecho, su madre lo incentivó y años después le regaló una máquina de escribir.
En 1921 cumplió diez años. En ese mismo año comenzó una época de expansión económica y optimismo denominada los “años locos”. Fue un ciclo de gran desarrollo industrial y de creciente concentración de la riqueza. Pero fundamentalmente de grandes cambios sociales y culturales: las condiciones de vida de las familias mejoraron y empezaron algunos cambios morales que se plasmaron en una nueva manera de vestir y de consumir Además, es el tiempo de los inicios de la radio y del boom de automóvil, hechos que transformaron las costumbres y preferencias culturales de las personas. De esta forma, el estilo de vida norteamericano se sustentaba en una sociedad de masas donde primaba el consumo. En este nuevo contexto social y cultural Tennessee vivió su niñez, adolescencia y los primeros años de juventud.
Sin embargo, este auge económico que parecía no tener límites se desplomó en 1929 cuando gran parte de los beneficios acumulados se deslizaron hacia el ámbito de la especulación financiera. Paulatinamente empezó a gestarse una euforia especulativa que terminaría en la quiebra de la bolsa de Nueva York. A partir de aquí comienza un período de hundimiento de la economía caracterizado como “la gran depresión”.
A principios de los años treinta, Tennessee ingresó a la universidad de Missouri para cursar la carrera de periodismo pero tiempo después se trasladó a la Universidad de Iowa y en el año 1938 obtuvo el título de licenciado en filosofía y letras. En 1935 escribió su primera obra interpretada públicamente.
Mientras tanto al otro lado del océano, en la década del treinta comenzaban a implementarse regímenes totalitarios en Europa. Esto, junto con las pretensiones imperialistas y racistas del nazismo, forman el caldo de cultivo que desembocará en la segunda guerra mundial.
Con el conflicto bélico como contexto, en los primeros años de la década del cuarenta Tennessee se trasladó a la ciudad de Nueva York donde realizó diversos trabajos. El año 1943 traería una buena oportunidad. La Metro Golden Mayer lo contrató para hacer una adaptación cinematográfica de una exitosa novela. Dos años más tarde, conoció el verdadero éxito tras la publicación de “El zoo de cristal”, obra donde representa a su madre y a su hermana Rose. Con esta última tenía una relación muy cercana y por eso influyó mucho en él. Era una muchacha muy bella y frágil que lamentablemente pasó la mayor parte de su vida en instituciones mentales. Ante esto, para tratar de ponerle un fin al sufrimiento de Rose, sus padres autorizaron la realización de una lobotomía. La intervención tuvo resultado negativo, lo que la dejó incapacitada para el resto de su vida. Este hecho significó un golpe muy duro para Tennessee, que nunca pudo perdonar a sus padres por lo que habían hecho. Tal vez, este fue el desencadenante de su adicción al alcohol.
Para este período la guerra había llegado a su fin y apareció un nuevo equilibrio mundial representado por dos potencias, Estados Unidos y la URSS , que se mantendría hasta la caída del Muro de Berlín. En este contexto emerge el denominado Estado de Bienestar.
En 1947 con la publicación de “Un tranvía llamado deseo” consagró su renombre dentro de la dramaturgia. De hecho, esta obra lo hizo merecedor de un premio Pulitzer. En los años siguientes escribió “Verano y humo” (1948), “De repente, el último verano” (1950), “La rosa tatuada” (1951), “La gata sobre el tejado de zinc caliente” (1955), “Dulce pájaro de juventud” (1959). Por esa época se enamoró de Frank Merlo, un atractivo muchacho de veinte años que aún no sabía que camino tomar en la vida. La atracción los embriagó y algunos meses más tarde emprendieron un viaje a Europa que duró casi un año. Frank se convirtió en su secretario y cuidador, además de su amante. Este es un período de estabilidad para Tennessee y, de hecho, “La rosa tatuada” está dedicada a Frank y da cuenta de su fidelidad. Si bien su homosexualidad era un “secreto a voces” salió oficialmente a la luz recién en 1975 a partir de la publicación de sus “Memorias”. Tristemente, Frank murió muy joven producto de un cáncer a los 35 años. Este triste hecho sumió a Tennessee en una profunda depresión que se agravó por su adicción previa a las drogas y al alcohol.
Por ese entonces corría el año 1961, recién comenzaba la década del sesenta, época que combinó acontecimientos muy disímiles: el surgimiento del movimiento hippie, el “Mayo francés”, la crisis de los misiles, el asesinato del presidente Kennedy, la primavera de Praga, la gestación y apogeo de los Beatles. Todo aquello en el marco de la denominada “guerra fría”. A partir de aquí comienza el ocaso para Tennessee, ya no pudo recuperar aquel brillo de antaño. Las obras que escribió en este período no tienen el éxito de las anteriores. Se pueden citar, entre otras, “La noche de la iguana” (1962) y “El tren lechero ya no para aquí” (1964).
La última etapa de la guerra de Vietman y el escándalo Watergate marcan la década del setenta para Estados Unidos. La década siguiente traerá una intensificación de las tensiones de la guerra fría, que terminará luego en un acercamiento. Además, Reagan asume la presidencia de los Estados Unidos y comienza a sentar las bases de lo que luego se conocerá como neoliberalismo. Con este marco de fondo, en el año 1983 Tennessee Williams falleció a los setenta y dos años en extrañas circunstancias. Aparentemente, habría intentado abrir con la boca una botella y se ahogó al tragar el corcho. En su testamento, había dejado en claro que quería ser enterrado junto a los restos del que fue su amor: Frank.
Los tiempos cambiaron, las épocas trajeron nuevos aires. El mundo sufrió mucho a causa del ansia de poder y de dominio de algunos. Pero también conoció la paz y la libertad. Las sociedades experimentaron transformaciones culturales, políticas, económicas y sociales. La historia se fue tejiendo entre acontecimientos tan diferentes. El mundo conoció lo mejor y lo peor de los seres humanos. No en vano el historiador Eric Hobsbawn caracterizó al siglo XX como el más violento de la historia. Así como la historia sufrió vaivenes y contradicciones, la vida de Tennessee Williams conoció el amor y la desolación, el éxito y el fracaso, la creatividad y el vacío.
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