En el silencio de la noche de una Buenos Aires oscura, un grupo de artistas se reunían en un bar de la calle Corrientes con la intención de reafirmar la existencia de un teatro abatido por la censura que imponía el régimen militar. Así nacía, a fines de 1980, Teatro Abierto, un ciclo de obras de teatro que convocó a reconocidos dramaturgos de la talla de Roberto Cossa, Mauricio Kartún y Griselda Gambaro, entre otros, para defender la libertad y la expresión frente a un gobierno dictatorial que ya mostraba signos de debilidad.
El 28 de julio del año 1981 comenzó el ciclo de Teatro Abierto en el Teatro Del Picadero, una sala de la periferia porteña ubicada en el actual pasaje Santos Discépolo. Se trataba de 21 obras de un acto representadas a lo largo de una semana de a tres por día en el horario de las seis de la tarde y con localidades a precios muy económicos.
Todavía perduraban la represión y el terror pero la sociedad empezaba a despertarse poco a poco. Aunque todavía no se conocía la magnitud del genocidio, los organismos internacionales empezaron a estar al tanto de la situación que se estaba viviendo en el país, las madres continuaban con su ritual en Plaza de Mayo, algunos exiliados rompían el silencio y la mayoría silenciosa iba tomando conciencia de que la “guerra” no era solamente contra algunos guerrilleros marxistas. Así, algunos diarios se animaron a deslizar críticas al gobierno de facto, los intelectuales volvieron paulatinamente a encontrarse en los bares y empezaron a vislumbrarse los primeros signos de resistencia. En este contexto nacía Teatro Abierto.
En una coyuntura donde la censura y el miedo eran moneda corriente, poco a poco, corriendo el velo de la incertidumbre, comenzaron a verse algunos estrenos, algún intento de recrear grupos de teatro, algunas lecturas de obras en las casas de dramaturgos y directores. Y justamente los creadores de Teatro Abierto fueron los autores, aquellos que en una mesa de bar planearon el montaje de 21 obras en un plazo de siete días. Sin embargo, aún eran pocos y necesitaban convocar a más autores, directores y actores. Así comenzó la convocatoria de artistas y fueron llegando actores, músicos, escenógrafos que, en un clima de gran creatividad y entusiasmo, le dieron forma a las obras, ensayando a toda hora, en cualquier lugar disponible, poniendo el alma y el cuerpo a un proyecto de libertad en un país hostigado y silenciado.
Finalmente llegó el día del estreno, el 28 de julio de 1981 con las obras: “Decir sí” de Griselda Gambaro, “El que me toca es un chancho” de Alberto Drago y “El nuevo mundo” de Carlos Somigliana en un teatro repleto de gente llena de energía, hombres y mujeres que ganaban el espacio de la calle en un clima de recuperación y de libertad. Sin embargo, luego de la primera semana, en una madrugada gris, un grupo de militares y policías incendiaron el Teatro del Picadero. Cuando comenzó a correrse la voz de la noticia, los artistas fueron llegando al lugar y las gotas de la lluvia se mezclaban con sus lágrimas al ver las cenizas en que se había convertido el teatro. Pero con un renovado impulso ellos se pararon sobre las cenizas y decidieron no darse por vencidos. Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges y Pérez Esquivel se solidarizaron y dieron muestras de apoyo.
Teatro Abierto continuó a partir del mes de agosto en el Teatro Tabarís, una de las principales salas comerciales. Cada tarde, se formaban colas de cuadras enteras para ver las obras hasta que el 21 de septiembre de ese mismo año terminó el primer ciclo. Luego, Teatro Abierto volvería a los escenarios en los años 1982, 1983, 1984 y 1985 en otro contexto social y político.
Teatro Abierto fue el producto de una necesidad de expresión y de aire en una sociedad acallada y silenciada, fue un símbolo de resistencia, fue la recuperación de un teatro comprometido, fue el anhelo y el sueño de tantos artistas, fue un signo de apertura y de cambio cultural. Por sobre todas las cosas, hizo del teatro un elemento de lucha política y le dio voz, una vez más, a los oprimidos.
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