En el teatro siempre es posible comenzar de nuevo, en la vida nada podemos volver atrás. Las hojas no brotan de nuevo, los relojes no retroceden. Pero hay un momento en que el teatro y la vida son uno: el intento del actor por captar una verdad para siempre. Interpretar requiere mucho esfuerzo. Pero si logra "vivir en el escenario", a diferencia de los insensibles, su espítitu volará inmortal.

Peter Brook










viernes, 1 de junio de 2012

El teatro de Federico García Lorca

¿Qué sucede cuando los condicionamientos y mandatos sociales son tan fuertes que impiden actuar con libertad? ¿Cómo afectan los prejuicios de una sociedad conservadora sobre las vidas de hombres y mujeres? ¿Hasta dónde se puede llegar para mantener una buena imagen ante la mirada crítica de los otros? ¿Es posible realizar aquello que se desea en un contexto injusto y discriminatorio? Estos son algunos de los interrogantes que nos plantean las obras de Federico García Lorca. Tal vez por sufrir él mismo los prejuicios de una sociedad cerrada es que supo darle voz a los oprimidos. Y entre ellos, fundamentalmente, a las mujeres de su época. García Lorca expresó como pocos la complejidad del alma femenina, sus contradicciones, anhelos y deseos. Y justamente la problemática del deseo se manifiesta en sus obras, particularmente en “Bodas de sangre” y en “La casa de Bernarda Alba”. El deseo como el motor de la vida, como aquello que nos impulsa. Sin embargo, a veces no podemos dar cauce a nuestro deseo y eso lleva, inevitablemente, a la angustia. Para Lorca, la imposibilidad de llevar a cabo el deseo lleva a la tragedia.

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