Las obras de García Lorca se enmarcan en un contexto caracterizado por una sociedad conservadora y con costumbres fuertemente tradicionales. Aquí el espacio privado y el espacio público estaban claramente diferenciados. Este último abarcaba el mercado, la salida de misa y el campo donde se realizaban las tareas agrícolas. En estos lugares las personas se trataban, conversaban y se conocían. En cambio, el espacio privado era el lugar para la familia y, fundamentalmente, para las mujeres.
Las diferencias entre los géneros se manifestaban en todos los ámbitos y en los roles que cada uno debía cumplir. Las mujeres eran criadas desde pequeñas para convertirse en esposas y madres. Su rol en el espacio público estaba delimitado por la asistencia a la misa y al mercado. Eran los hombres los que salían a trabajar. Ellas podían ayudar en la economía hogareña con tareas que podían hacer desde su propia casa, como la costura, por ejemplo. En este contexto, la honra se erigía como un bien de familia, como sinónimo de una imagen pública sin manchas. Pero la honra era también una cualidad que aquellas mujeres debían cuidar celosamente. En una sociedad donde el cuerpo era algo que debía ocultarse, las mujeres tenían que llevar un comportamiento casto para erigir a la honra como una virtud.
En las obras de Lorca se representan las injusticias características de la época. Injusticias provocadas por esa misma sociedad conservadora. Una sociedad llena de prejuicios, con facilidad para escandalizarse y donde las familias estaban dispuestas a llegar hasta las últimas consecuencias para mantener una buena imagen ante los demás. Justamente, la mirada ajena era muy temida. En un contexto donde la familia era el núcleo más importante, la opinión de los demás ciudadanos pesaba mucho en los comportamientos y actitudes, quizás demasiado. Por eso, las mujeres debían cumplir con aquello que se esperaba de ellas: convertirse en madres inmaculadas y en honradas esposas. Así, los deseos, las necesidades reales y las inquietudes de las mujeres no eran tomados en cuenta. Sin embargo, los personajes femeninos de Lorca se animan a ir detrás de sus deseos y no callan. Al contrario, protestan, se defienden y justifican sus acciones.
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